Mal baqueo!
El rey David, el centurión romano que creyó que la palabra de Jesús bastaría para sanar a su siervo y la siro-fenicia nos enseñan algo que debemos descubrir juntos. Si empezamos por el rey David nos damos cuenta destacarse en lo que hacia: pastorear y tocar el arpa lo llevaron al trono de Israel. Sus palabras al momento de pelear con el gigante nos repiten lo que él ya nos dice que había encontrado: Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,Y en la casa de Jehová moraré por largos días. Salmos 23:6. Así mismo cuando vemos a aquel capitán romano empático con su siervo (que no siquiera era su hijo) se empodero de tal fe que dijo: Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. Mateo 8:7-8. Y por último la determinación de la siro-fenicia de encontrar de lo que había oído, nos dicen que no hay pelea desigual en este mundo: lo que h...