Las piedras clamarian!
¡Que deje de pregonar mi humildad hacia Cristo! Hay una forma de humildad que honra a Dios, pero también existe una falsa humildad que, aunque parece espiritual, puede terminar contradiciendo aquello mismo que Dios quiere hacer en nosotros. Cuando una persona se presenta delante de Cristo y reconoce su miseria, su pobreza espiritual, su incapacidad y la condición caída de su naturaleza, está dando un paso verdadero de humildad. Sin embargo, precisamente después de ese reconocimiento puede aparecer otra voz en el interior: una voz que pretende convertir la conciencia de nuestra debilidad en una condena permanente contra nosotros mismos. Entonces surgen pensamientos como: “La gloria no es de Dios si reconoces lo que Él ha hecho en ti”, o “estás rechazando la recompensa de Dios y buscando la de los hombres”. Pero esto está lejos de representar toda la enseñanza bíblica. La humildad cristiana no consiste en esconder eternamente aquello que Dios ha hecho, sino en permitir que aquello...