Arma de doble filo.
La confirmación puede ser un regalo de Dios, pero también un riesgo cuando se convierte en dependencia. La fe bíblica no se sostiene en la necesidad constante de pruebas, sino en la confianza en la palabra de Dios. Cuando el corazón se acostumbra a ser confirmado para obedecer, comienza a debilitarse en aquello que Dios más valora: la fe que cree sin ver. Por eso, la confirmación puede ser un arma de doble filo; puede afirmar, pero también puede desviar. Un ejemplo claro lo encontramos en el llamado “profeta de Judá”, en 1 Reyes capítulo 13. Este hombre recibió una palabra directa de Dios y además vio su cumplimiento inmediato, lo cual debió fortalecer su convicción. Sin embargo, después de haber sido confirmado, permitió que su corazón buscara otra voz, otra revelación, y allí fue engañado por un viejo profeta. Lo que comenzó en obediencia terminó en tragedia, porque la confirmación inicial no sustituyó la necesidad de permanecer firme en lo que Dios ya había dicho. Algo similar...