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Arma de doble filo.

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  La confirmación puede ser un regalo de Dios, pero también un riesgo cuando se convierte en dependencia. La fe bíblica no se sostiene en la necesidad constante de pruebas, sino en la confianza en la palabra de Dios. Cuando el corazón se acostumbra a ser confirmado para obedecer, comienza a debilitarse en aquello que Dios más valora: la fe que cree sin ver. Por eso, la confirmación puede ser un arma de doble filo; puede afirmar, pero también puede desviar. Un ejemplo claro lo encontramos en el llamado “profeta de Judá”, en 1 Reyes capítulo 13. Este hombre recibió una palabra directa de Dios y además vio su cumplimiento inmediato, lo cual debió fortalecer su convicción. Sin embargo, después de haber sido confirmado, permitió que su corazón buscara otra voz, otra revelación, y allí fue engañado por un viejo profeta. Lo que comenzó en obediencia terminó en tragedia, porque la confirmación inicial no sustituyó la necesidad de permanecer firme en lo que Dios ya había dicho. Algo similar...

Qué te detiene?

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  La Biblia enseña que dentro del ser humano hay una lucha constante. En Romanos 7, el apóstol Pablo describe esa realidad con honestidad: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19). Esta es la naturaleza pecaminosa, una inclinación interna que nos arrastra lejos de la voluntad de Dios aun cuando deseamos obedecerle. No se trata solo de actos externos, sino de una condición del corazón que necesita redención. Esta verdad no es solo una doctrina, también se ve reflejada en hombres de fe. Pedro, uno de los discípulos más cercanos a Jesús, tuvo momentos de gran revelación espiritual, pero también de debilidad. Él mismo afirmó con convicción que nunca negaría al Señor, pero terminó fallando. Jesús le había advertido: “Antes que cante el gallo, me negarás tres veces” (Mateo 26:34), y así ocurrió. Sin embargo, su caída no fue el final, sino parte de su proceso. Pedro tuvo que ser tratado en su corazón. Su confianza en sí mismo fue confrontada,...

Qué discutirá Dios con él?

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La Biblia dice en Salmos 138:6 que “al altivo lo mira de lejos”. Esta frase encierra una verdad profunda: Dios no entra en discusión con quien se levanta en soberbia. No porque no tenga argumentos, sino porque el corazón altivo no está dispuesto a oír. “Ciertamente él escarnece a los escarnecedores, y a los humildes da gracia” (Proverbios 3:34). El problema no es intelectual, es una actitud del alma que se cierra a la corrección y desprecia la autoridad de Dios. Algo parecido vemos en la parábola del hijo pródigo. El padre no impidió que su hijo tomara la herencia, aunque sabía que no la había trabajado y que su origen era el esfuerzo de otro. “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes” (Lucas 15:12). El padre no discutió con él, no lo forzó a quedarse. Permitió que su altivez siguiera su curso, porque el amor de Dios no obliga, pero tampoco negocia con la arrogancia. Dios, que todo lo conoce, prevé el error que nace de la inexperiencia y del espí...

El que conquista el corazón de Dios

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  Dios es insondable, soberano y justo. Nadie puede comprender plenamente sus caminos, ni manipular su voluntad. La Escritura enseña que Él no actúa por apariencias ni por favoritismos humanos, sino por la verdad del corazón. En 1 Samuel 16:7 está escrito: “Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”. Esto rompe la idea de que el reconocimiento de Dios viene sin mérito o sin proceso. Él ve lo profundo, lo que se forma en secreto, lo que resiste la prueba. Muchos desean el favor de Dios, pero pocos entienden que ese favor no es un aplauso instantáneo, sino el resultado de una vida probada. No se trata de títulos, emociones o momentos espirituales pasajeros. Dios forma el carácter antes de entregar la responsabilidad. En Proverbios 17:3 se afirma: “El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; pero Jehová prueba los corazones”. El reconocimiento divino no es superficial; es el fruto de una fideli...

"Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres"

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  El conocimiento puede entenderse de varias maneras. En lo general, es todo lo que aprendemos en la vida. En la Filosofía, es la relación entre quien conoce y lo que es conocido. En la Psicología, es el resultado de procesos como pensar, recordar y comprender. Y en la Biblia, el conocimiento va más allá de saber algo: es vivir conforme a la verdad de Dios. Por eso, cuando la Biblia habla de conocimiento, no se refiere solo a información, sino a una relación viva con Dios. En Oseas 4:6 leemos: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” Este pasaje no señala ignorancia académica, sino una desconexión con Dios, un rechazo a su verdad y a su manera de vivir. El apóstol Pablo también hace una advertencia en 1 Corintios 8:1-3: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.” Aquí entendemos que el verdadero conocimiento no es orgullo, sino una relación ...

De dónde viene el mal?

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Muchas veces el ser humano se pregunta de dónde proviene el mal, especialmente cuando atraviesa momentos de dolor, enfermedad o pérdida. A simple vista parece que el sufrimiento contradice la bondad de Dios, pero la Biblia nos guía a entender que el mal no nace del corazón de Dios, sino de la corrupción del mundo y de la naturaleza caída del hombre. Aun así, el justo no está desamparado, aunque su cuerpo, que es lo que más le duele, se le deteriore o sufra. Dios sigue siendo fiel en medio de todo. La Palabra nos recuerda que Dios es bueno en esencia y en sus obras. En Santiago 1:17 está escrito: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. Esto nos deja claro que lo bueno viene de Dios, y por tanto, el mal no tiene su origen en Él. Dios no cambia, ni hoy es bueno y mañana malo; su naturaleza es perfectamente justa y llena de amor. Por otro lado, Santiago 3:11 nos da una imagen clara para discern...

De qué grupo eres tú?

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  La Biblia nos enseña una verdad que muchas veces el ser humano evita aceptar: la vida en este mundo está marcada por el sufrimiento. No porque Dios se complazca en ello, sino porque vivimos en una condición caída. Así lo expresa claramente el libro de Job: “Pero el hombre nace para la aflicción, como las chispas vuelan hacia arriba” (Job 5:7). Esta afirmación no es pesimista, sino realista; describe la experiencia común de todo ser humano. A lo largo de la Escritura se confirma esta realidad. También leemos: “El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores” (Job 14:1). La vida es breve, frágil y muchas veces llena de dificultades. No importa la condición social, el conocimiento o las riquezas, todos enfrentan momentos de dolor, pérdida y lucha. Sin embargo, la Biblia no presenta este sufrimiento como el final de la historia, sino como una antesala. Es una preparación para algo mayor: la eternidad. El apóstol Pablo lo explica así: “Pues tengo por cierto que las ...