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Mostrando las entradas de marzo, 2026

Cuando las políticas de Dios son las tuyas!

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 La Biblia nos muestra que aun los hombres de Dios pueden tener diferencias fuertes, pero también que Dios usa esas situaciones para cumplir su propósito. Un ejemplo claro es la separación entre Pablo y Juan Marcos. En un momento, Pablo no quiso llevar a Marcos consigo, aunque antes había sido parte del equipo. Más adelante, el mismo Pablo lo necesitó. Esto nos invita a reflexionar sobre las “posiciones” que cada uno puede asumir en distintos momentos de la vida, y cómo Dios está por encima de ellas. El motivo de la separación está registrado en el libro de los Hechos. Marcos había abandonado la obra en un viaje anterior, y eso generó desconfianza en Pablo. La Escritura dice: “Pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra” (Hechos 15:38). Para Pablo, la obra era seria, y alguien que había retrocedido no parecía confiable para continuar. Por otro lado, Bernabé veía las cosas de manera distinta. Él ...

Pueden dos políticos andar juntos sin estar de acuerdo?

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  Dios creó al ser humano con libre albedrío, es decir, con la capacidad de elegir. No somos obligados a amarle ni a obedecerle; Él nos da la oportunidad de decidir. Pero esa libertad también implica responsabilidad, porque cada decisión nos acerca o nos aleja de Su voluntad. Por eso, la vida espiritual no se trata solo de creer en Dios, sino de ponerse de acuerdo con Él. Muchas veces el hombre quiere caminar con Dios, pero sin renunciar a sus propios planes. Ahí es donde surgen los conflictos. Dios tiene principios firmes, una manera justa de gobernar la vida, y cuando el hombre insiste en seguir su propio camino, entra en desacuerdo con las “políticas” divinas. No es Dios quien falla, sino el hombre que decide caminar en otra dirección. Jesucristo enseñó claramente el costo de seguirle en Evangelio de Lucas 14:25-33. Él dijo que quien quiera ser su discípulo debe negarse a sí mismo y poner a Dios por encima de todo. Una de esas palabras dice:“Así, pues, cualquiera de vosotros que...

Las políticas de Dios son el lindero que nos protege del precipicio!

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  El profeta Samuel vivió un momento difícil cuando Dios decidió quitar a Saúl del trono de Israel. Samuel había ungido a Saúl, había orado por él y deseaba verlo permanecer como rey. Su corazón estaba ligado a ese proceso. Sin embargo, el querer de Samuel chocó con la decisión firme de Dios, quien ya había determinado remover a Saúl por su desobediencia. Esto nos muestra que aun los hombres de Dios pueden tener sentimientos que no coinciden con los planes perfectos del Señor. La Biblia muestra el dolor de Samuel ante esta situación. En 1 Samuel 15:35 se dice: “Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.” Aquí vemos a un hombre de Dios sufriendo por alguien que había fallado, pero también vemos a Dios actuando conforme a su justicia. Samuel sentía, pero Dios decidía. Dios mismo confronta ese apego emocional de Samuel. En 1 Samuel 16:1 le dice: “Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llo...

La autoconmiseracion.

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 La historia de Caín después de matar a su hermano Abel nos muestra uno de los primeros ejemplos de autoconmiseración en la Biblia. Luego de cometer su pecado, en lugar de mostrar un corazón verdaderamente arrepentido, Caín se enfocó en su propio sufrimiento. En Génesis 4:13, Caín dice: “Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado”. Aquí no vemos un clamor por restauración, sino una queja centrada en sí mismo. La autoconmiseración de Caín revela una falta de confianza en Dios. Él no creyó que Dios pudiera sostenerlo, guardarlo o incluso mostrarle misericordia en medio de su castigo. En Génesis 4:14 expresa su temor: “He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará”. Caín mira su situación sin fe, olvidando que el mismo Dios que lo juzga también tiene poder para protegerlo. Pero también hay una falta de confianza en sí mismo. La autoconmiseración lleva a...

La autojustificación.

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  La parábola del hijo pródigo, narrada en Lucas 15:11-32, suele centrarse en el hijo menor que se pierde y vuelve, pero también revela el corazón del hijo mayor. Este, al ver la celebración por el regreso de su hermano, se llena de enojo y se niega a entrar. Su reacción no surge de la nada; más bien deja ver una lucha interna. Aunque él se consideraba fiel, es muy probable que también hubiera cometido errores que su padre había pasado por alto o perdonado. Sin embargo, su prudencia y discreción hacían que sus faltas fueran menos visibles, incluso para él mismo. El hijo mayor representa a quienes, por no haber caído en pecados evidentes, comienzan a justificarse a sí mismos. En Lucas 15:29 él dice: “He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás”. Esta afirmación suena más a percepción que a realidad, pues la Escritura enseña que nadie está libre de pecado. Su problema no era solo su enojo, sino su incapacidad de reconocer que también necesitaba gracia. La Biblia d...

Debemos aprender que no tenemos la visión de todo el panorama?

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  El pueblo de Israel llegó al mar rojo en uno de los momentos más críticos de su historia. Detrás tenían al ejército de Faraón y delante un mar imposible de cruzar. Humanamente no había salida. La Escritura dice: “Y dijo Moisés al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros… Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos” (Éxodo 14:13-14). Mientras ellos solo veían peligro, Dios ya estaba viendo una victoria que aún no se manifestaba. Para Israel, el mar rojo era un símbolo de límite, de encierro, de muerte segura. Sin embargo, Dios le dio una orden que parecía ilógica: “Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen” (Éxodo 14:15). Dios no estaba mirando el problema como ellos, sino el propósito. Donde ellos veían el final, Dios veía el comienzo de un milagro. Y el milagro llegó en el momento preciso. La Biblia relata: “Y Moisés extendió su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar ...

"Yo amo su casa"

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 David, el dulce cantor de Israel, expresó un amor profundo por la casa de Jehová. Para él, el templo no era solo un lugar físico, sino el centro visible de la presencia de Dios en medio del pueblo. Su corazón anhelaba estar allí, adorar allí, y contemplar la hermosura del Señor en ese lugar sagrado. En el Salmo 27:4, David dice: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.” Aquí vemos cómo su deseo no era solo cumplir un ritual, sino habitar constantemente en la presencia de Dios representada en el templo. También en el Salmo 84:10 expresa ese mismo sentir: “Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos; escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.” Para David, no había lugar comparable a la casa de Dios; su valor espiritual superaba cualquier otro espacio o experiencia. Sin embargo, en e...

Medita, reflexiona, cálmate!

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  La historia de David, junto a Joab y Abner, muestra cómo el corazón del hombre puede acercarse o alejarse del propósito de Dios aun estando cerca del ungido. David fue escogido por Dios para reinar sobre Israel, como vemos en 1 Samuel 16:13: “Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David”. A su alrededor se levantaron hombres valientes, pero no todos terminaron de la misma manera. Joab, hijo de Sarvia, fue uno de los hombres más cercanos a David. Fue su general, su apoyo en batalla, y en varias ocasiones mostró honra hacia el rey. Un ejemplo claro es cuando conquistó Rabá, pero no quiso quedarse con la gloria, sino que llamó a David para que la ciudad llevara su nombre. En 2 Samuel 12:28 dice: “Reúne, pues, ahora al pueblo, y acampa contra la ciudad, y tómala; no sea que yo tome la ciudad, y sea llamada de mi nombre”. Allí vemos a un Joab que reconoce la autoridad de David y le da el l...

Inquieto, o tranquilo?

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  La Biblia nos enseña que Dios no está limitado por el tipo de carácter de una persona. Él no busca solamente a los fuertes, ni solamente a los tranquilos, sino a los que están dispuestos a obedecerle. En la vida del rey David y su descendiente el rey Josafat vemos dos estilos muy distintos de carácter, pero un mismo resultado: ambos cumplieron el propósito de Dios. David era un hombre de carácter determinado, apasionado y valiente. Desde joven enfrentó desafíos con decisión, como cuando derrotó a Goliat confiando en Dios. En 1 Samuel 17:45 dijo: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado”. Este tipo de carácter lo llevó a grandes victorias, pero también a cometer errores cuando no dominaba sus impulsos. A pesar de sus fallas, David siempre mostró un corazón que volvía a Dios con sinceridad. Cuando pecó, no endureció su corazón, sino que se humilló. En Salm...

Ni bien, ni mal!

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  Desde el principio de la Biblia vemos que conocer el bien y el mal no era el camino que Dios había preparado para la felicidad del ser humano. En el huerto del Edén, Dios dio una advertencia clara a Adán. Dice la Escritura: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17). Dios no quería que el hombre viviera guiado solo por el conocimiento del bien y del mal, sino por una relación viva con Él. Sin embargo, cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido, adquirieron ese conocimiento, pero no obtuvieron felicidad ni plenitud. Al contrario, entraron el miedo, la vergüenza y la separación de Dios. La Biblia dice: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos” (Génesis 3:7). El conocimiento del bien y del mal no los hizo mejores; solo les mostró su condición caída. Esto nos enseña que saber...

Hay calvicie en ese ejemplo (1 Corintios 13:3)?

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  El apóstol Pablo escribió una advertencia muy profunda: “Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1 Corintios 13:3). Con estas palabras nos recuerda que delante de Dios no solo cuentan las obras visibles, sino el motivo del corazón. Una acción puede parecer muy espiritual, pero si el corazón está torcido, delante de Dios pierde su valor. Un ejemplo claro de esto ocurrió con Ananías y Zafira. Ellos vendieron una propiedad y llevaron una parte del dinero a los apóstoles, como hacían otros creyentes. El problema no fue que entregaran solo una parte, sino que quisieron aparentar que lo daban todo. Pedro les dijo: “Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?… No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5:3–4). Su acción parecía generosa, pero el motivo era buscar reconocimiento mientras escondían la v...

Otro ejemplo descabellado el de 1 Corintios 13.2?

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  La Biblia presenta la historia del profeta Balaam como una advertencia seria para todo aquel que dice hablar de parte de Dios. Balaam tenía dones espirituales reales: podía recibir palabra de Dios y declarar lo que el Señor mostraba. Sin embargo, su corazón no estaba firmemente apegado a la verdad. La Escritura muestra que su interés por la recompensa lo llevó a caminar en una línea peligrosa entre obedecer a Dios y agradar a los hombres. Por eso su historia nos recuerda que los dones espirituales no sustituyen un corazón que ama la verdad. Cuando el rey Balac quiso maldecir a Israel, llamó a Balaam ofreciéndole honores y riquezas. Aunque Dios le dijo claramente que no maldijera al pueblo, Balaam siguió buscando una forma de complacer al rey. En Números 22:12 Dios le dijo: “No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo; porque bendito es”. Aun así, Balaam siguió escuchando las ofertas y buscando otra respuesta. Esto revela un corazón que conoce la verdad, pero no está completamente c...

Ejemplo descabellado el de 1 Corintios 13.1?

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 La Biblia nos enseña que la espiritualidad verdadera no consiste solamente en cumplir reglas o practicar actos religiosos, sino en tener un corazón alineado con Dios. Cuando la espiritualidad pierde el amor y la misericordia, se vuelve dura, fría y peligrosa. Es posible parecer muy espiritual por fuera, pero por dentro estar lejos del corazón de Dios. Por eso, muchas veces en las Escrituras vemos cómo Dios mira más la intención del corazón que la apariencia del acto religioso. Un ejemplo claro se encuentra en la historia de David cuando huía de Saúl. David llegó donde el sacerdote y, junto a sus hombres, comió del pan de la proposición, algo que según la ley estaba reservado solo para los sacerdotes. Sin embargo, el sacerdote entendió la necesidad y el contexto de la situación. La Escritura dice: “Así que el sacerdote le dio el pan sagrado; porque allí no había otro pan sino el pan de la proposición, el cual había sido quitado de delante de Jehová” (1 Samuel 21:6). Aquí vemos cómo...

Perder-ganar; ganar-perder.

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La Biblia nos enseña que el creyente sí tiene una lucha, pero no es contra su hermano. Muchas veces el corazón humano quiere competir con otros, demostrar que es mejor o buscar reconocimiento. Sin embargo, el camino de Dios es diferente. La verdadera competencia del cristiano no es contra las personas, sino contra aquello que contamina el corazón. Por eso la Escritura nos recuerda en Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. El apóstol Pablo de Tarso enseña este principio cuando exhorta a los creyentes a no vivir en rivalidad. En Filipenses 2:3 dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. La lucha principal del creyente no es contra el hermano, sino contra el orgullo, la vanagloria y las inclinaciones del corazón que pueden desviarnos del propósito de Dios. Un ejemplo muy claro de esto se ve en la relación entre David y Saúl. Cuando el pueblo comen...

"Tu sabes que yo hice mi esfuercito!"

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El ser humano tiene un deseo natural de superarse, de avanzar y de vencer los obstáculos. En cierto sentido, esa fuerza puede ser positiva, porque Dios nos creó con capacidad para esforzarnos y buscar lo mejor. Sin embargo, cuando la competitividad se convierte en una lucha por demostrar que podemos lograrlo todo por nuestras propias fuerzas, comenzamos a apartarnos del propósito de Dios. La Biblia nos recuerda que la verdadera victoria no depende solamente del esfuerzo humano. En el momento en que el pueblo de Israel estaba frente al mar y el ejército egipcio venía detrás de ellos, Dios les dio una instrucción sorprendente: “Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos” (Éxodo 14:14). En lugar de competir o luchar con sus propias fuerzas, debían aprender a confiar en que Dios actuaría. Esto nos enseña que muchas veces la competitividad humana nos empuja a actuar con ansiedad, orgullo o desesperación. Queremos resolver todo rápido, demostrar capacidad o ganar reconocimie...

"La ecuación del corazón", #2

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  En la reflexión anterior recordamos que la Biblia enseña que el corazón del hombre es engañoso. Por eso no podemos confiar simplemente en lo que sentimos o pensamos. El profeta lo expresó con claridad: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Esto nos recuerda que la vida cristiana no se sostiene solo con buenas intenciones, sino con una dependencia constante de Dios. La Escritura nos muestra que incluso grandes hombres de Dios, después de haber caminado fielmente por muchos años, llegaron a caer. El rey David, quien fue llamado un hombre conforme al corazón de Dios, terminó pecando gravemente cuando dejó de velar. Salomón, que recibió sabiduría extraordinaria, terminó desviando su corazón en su vejez. Estas historias no están en la Biblia para desanimarnos, sino para advertirnos. Por eso el temor de Jehová es tan importante. La Biblia dice: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría” (Proverbios 9:10). Temer a Di...

"La ecuación del corazón", #1

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  El corazón del ser humano es un misterio profundo. Muchas veces creemos conocernos bien, pero la Biblia nos recuerda que hay engaño dentro de nosotros mismos. En la Biblia leemos: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Este versículo nos advierte que el problema no siempre está afuera, sino dentro de nosotros. Por eso el creyente necesita vivir en constante vigilancia espiritual. La misma Escritura también afirma que solo Dios conoce verdaderamente lo que hay en lo profundo del ser humano. El siguiente versículo dice: “Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón” (Jeremías 17:10). Dios ve lo que nadie más ve: las verdaderas intenciones, los pensamientos ocultos y las motivaciones del alma. A veces podemos aparentar rectitud delante de los demás, pero delante de Dios todo está descubierto. Un ejemplo claro de esto lo encontramos en la historia de Ananías y Safira en Hechos 5. Ellos vendieron una propiedad...

Ejercitando los sentidos espirituales!

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  La Biblia habla de un creyente que crece, que madura y que aprende a discernir. En el Libro de Hebreos leemos que el alimento sólido es para los maduros, “para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:14). Un cristiano maduro no es el que más habla, sino el que ha aprendido a ejercitar sus sentidos espirituales. Es alguien que, a través de la práctica constante, ha afinado su oído para escuchar a Dios y su corazón para obedecerle. Ejercitar los sentidos espirituales implica disciplina. Así como el cuerpo necesita entrenamiento para fortalecerse, el espíritu necesita oración, Palabra y obediencia diaria. No se trata solo de conocer versículos, sino de aplicarlos. El creyente maduro aprende a distinguir lo que agrada a Dios de lo que parece bueno pero no lo es. Ese discernimiento no nace de la emoción, sino de la comunión constante con el Señor. Este pensamiento armoniza profundamente con la oración de David después de s...

Y cómo me escondo de mí?

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  La historia de José, el soñador, que encontramos en el libro de Génesis, nos muestra a un joven que fue probado en muchas áreas: traición, injusticia y tentación. Sus propios hermanos lo vendieron, y más adelante, en Egipto, fue tentado por la esposa de Potifar. Sin embargo, José decidió mantenerse firme delante de Dios. Cuando tuvo la oportunidad de pecar en secreto, prefirió huir antes que ofender al Señor. Su resistencia no fue solo física, fue espiritual. Por otro lado, el apóstol escribe en el libro de Santiago: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Este mandato es claro y directo. No dice que dialoguemos con la tentación, ni que juguemos con ella, sino que la resistamos. Resistir implica una decisión consciente, una postura firme del corazón que se apoya en Dios. José es un ejemplo práctico de lo que Santiago enseñó siglos después. Cuando la tentación lo presionó día tras día, no se quedó negociando. No pensó en las ventajas momentáneas. Él entendía que ...