Debemos aprender que no tenemos la visión de todo el panorama?
El pueblo de Israel llegó al mar rojo en uno de los momentos más críticos de su historia. Detrás tenían al ejército de Faraón y delante un mar imposible de cruzar. Humanamente no había salida. La Escritura dice: “Y dijo Moisés al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros… Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos” (Éxodo 14:13-14). Mientras ellos solo veían peligro, Dios ya estaba viendo una victoria que aún no se manifestaba.
Para Israel, el mar rojo era un símbolo de límite, de encierro, de muerte segura. Sin embargo, Dios le dio una orden que parecía ilógica: “Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen” (Éxodo 14:15). Dios no estaba mirando el problema como ellos, sino el propósito. Donde ellos veían el final, Dios veía el comienzo de un milagro.
Y el milagro llegó en el momento preciso. La Biblia relata: “Y Moisés extendió su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase… y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco” (Éxodo 14:21-22). Lo que antes era un obstáculo se convirtió en camino. Dios siempre ha tenido la capacidad de abrir lo que para nosotros está completamente cerrado.
Algo parecido ocurrió con Pedro cuando Jesús comenzó a anunciar su muerte. Para Pedro, aquello era inaceptable, porque él solo veía pérdida, fracaso y dolor. El texto dice: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén… y ser muerto… Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mateo 16:21-22). Pedro no podía ver más allá del sufrimiento.
Pero Jesús sí veía lo que Pedro no alcanzaba a entender. Él no solo veía la cruz, sino también la resurrección y la gloria que vendría después. Por eso también había dicho claramente: “y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21). Lo que para Pedro era el fin, para Dios era el cumplimiento del plan de salvación.
Así como Israel no veía la apertura del mar, y Pedro no veía la gloria de la resurrección, muchas veces nosotros tampoco vemos lo que Dios está haciendo. Nos enfocamos en el problema, en el dolor o en la incertidumbre, sin darnos cuenta de que Dios ya está obrando. La Escritura nos recuerda: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová” (Isaías 55:8).
Por eso, cuando enfrentemos situaciones que parecen cerradas o sin solución, debemos recordar estas verdades. Dios siempre ve más allá. Él ve caminos donde nosotros vemos barreras, y vida donde nosotros vemos muerte. Nuestra parte es confiar, avanzar y creer que, aunque no lo veamos ahora, Dios ya está preparando la apertura del mar y la gloria que vendrá después.

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