Dios te piensa, aún seas imperfecto.
La misericordia de Dios es una de las verdades más hermosas de la Biblia. Aun cuando somos incrédulos, temerosos o débiles, Él no deja de mirarnos con amor ni de trazar planes para nuestra vida. No nos escoge porque seamos perfectos, sino porque su gracia es suficiente para transformarnos. A lo largo de las Escrituras vemos cómo Dios llama a personas comunes, con dudas y fallas, y las introduce en su propósito eterno por pura misericordia. Gedeón es un ejemplo claro de esto. Cuando Dios lo llamó, estaba escondido por miedo a los enemigos, sintiéndose pequeño e incapaz. Aun así, Dios lo vio como un hombre valiente. Aunque Gedeón dudó y pidió señales, el Señor tuvo paciencia con él. Finalmente, Gedeón obedeció y, con un pequeño grupo, derrotó a los madianitas, mostrando que la victoria no dependía de su fuerza, sino del poder de Dios obrando a través de su debilidad. El apóstol Pablo también fue alcanzado por esa misma misericordia. Antes de conocer a Cristo, perseguía a la iglesia...