Y cómo me escondo de mí?

 


La historia de José, el soñador, que encontramos en el libro de Génesis, nos muestra a un joven que fue probado en muchas áreas: traición, injusticia y tentación. Sus propios hermanos lo vendieron, y más adelante, en Egipto, fue tentado por la esposa de Potifar. Sin embargo, José decidió mantenerse firme delante de Dios. Cuando tuvo la oportunidad de pecar en secreto, prefirió huir antes que ofender al Señor. Su resistencia no fue solo física, fue espiritual.

Por otro lado, el apóstol escribe en el libro de Santiago: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Este mandato es claro y directo. No dice que dialoguemos con la tentación, ni que juguemos con ella, sino que la resistamos. Resistir implica una decisión consciente, una postura firme del corazón que se apoya en Dios.

José es un ejemplo práctico de lo que Santiago enseñó siglos después. Cuando la tentación lo presionó día tras día, no se quedó negociando. No pensó en las ventajas momentáneas. Él entendía que pecar era fallarle a Dios. Su resistencia fue activa: salió corriendo. A veces, resistir al diablo significa huir de la situación que nos arrastra.

El contraste es hermoso: en Génesis vemos la historia vivida; en Santiago vemos el principio espiritual declarado. Uno narra la experiencia, el otro establece la enseñanza. José demuestra que cuando un hombre se somete a Dios, el enemigo pierde terreno. Aunque José terminó en la cárcel por hacer lo correcto, el diablo no pudo destruir su propósito. No pudo obligarlo a dejar su refugio en Dios.

Resistir no siempre significa que el problema desaparece de inmediato. José pasó años en prisión antes de ver el cumplimiento de sus sueños. Pero el enemigo no pudo robarle su identidad ni su fe. El diablo huye no siempre de la circunstancia externa, sino del corazón firme que no le cede espacio.

Para nosotros hoy, la enseñanza es clara: la victoria comienza en el interior. Si nos sometemos a Dios y resistimos con decisión, el enemigo retrocede. Tal vez no veamos resultados instantáneos, pero Dios honra la fidelidad. 

Y es que la fiebre nunca está en la sábana sino en el que tiembla de frío debajo de ella aunque hay calor! Tantas pruebas de José nos dicen que el aprendió a huir de la indisciplina desde muy pequeño. Aunque no lo dice literalmente la Biblia, el se escondió de el mismo en Dios y su bondad. El que cree en la bondad de Dios se ilusiona, se traza metas y sueña con lograrlas.

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