Pueden dos políticos andar juntos sin estar de acuerdo?

 


Dios creó al ser humano con libre albedrío, es decir, con la capacidad de elegir. No somos obligados a amarle ni a obedecerle; Él nos da la oportunidad de decidir. Pero esa libertad también implica responsabilidad, porque cada decisión nos acerca o nos aleja de Su voluntad. Por eso, la vida espiritual no se trata solo de creer en Dios, sino de ponerse de acuerdo con Él.

Muchas veces el hombre quiere caminar con Dios, pero sin renunciar a sus propios planes. Ahí es donde surgen los conflictos. Dios tiene principios firmes, una manera justa de gobernar la vida, y cuando el hombre insiste en seguir su propio camino, entra en desacuerdo con las “políticas” divinas. No es Dios quien falla, sino el hombre que decide caminar en otra dirección.

Jesucristo enseñó claramente el costo de seguirle en Evangelio de Lucas 14:25-33. Él dijo que quien quiera ser su discípulo debe negarse a sí mismo y poner a Dios por encima de todo. Una de esas palabras dice:“Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33).Aquí vemos que el acuerdo con Dios requiere entrega total, no parcial.

El problema es que al hombre le resulta difícil rendirse completamente. Quiere obedecer en algunas áreas, pero en otras no. Sin embargo, Jesús también nos dio esperanza cuando declaró:“Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lucas 18:27).Esto nos enseña que aunque por nuestras fuerzas no podamos alinearnos con Dios, Él mismo puede transformarnos para que vivamos en acuerdo con Su voluntad.

Cuando una persona se rinde a Dios, comienza a haber armonía. Ya no lucha contra lo que Dios quiere, sino que aprende a confiar en Él. Esa confianza produce paz, dirección y propósito. En cambio, cuando hay desacuerdo, hay confusión, tropiezos y consecuencias dolorosas. El evangelio funciona en nosotros cuando dejamos de resistir y empezamos a obedecer.

El profeta nos recuerda este principio en el Libro de Amós 3:3-6, donde dice:“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3).También añade:“¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? ¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?” (Amós 3:6).Estas preguntas muestran que nada ocurre sin una causa, y que la relación con Dios depende del acuerdo con Él.

Por eso, para que el evangelio funcione en nuestra vida, debemos aprender a temer a Dios. No es un temor de miedo, sino de reverencia, de reconocer que Él tiene la razón y que Su voluntad es perfecta. Cuando el hombre usa su libre albedrío para alinearse con Dios, entonces puede caminar con Él en paz, porque ya no hay desacuerdo, sino comunión.

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