Cuando las políticas de Dios son las tuyas!
La Biblia nos muestra que aun los hombres de Dios pueden tener diferencias fuertes, pero también que Dios usa esas situaciones para cumplir su propósito. Un ejemplo claro es la separación entre Pablo y Juan Marcos. En un momento, Pablo no quiso llevar a Marcos consigo, aunque antes había sido parte del equipo. Más adelante, el mismo Pablo lo necesitó. Esto nos invita a reflexionar sobre las “posiciones” que cada uno puede asumir en distintos momentos de la vida, y cómo Dios está por encima de ellas.
El motivo de la separación está registrado en el libro de los Hechos. Marcos había abandonado la obra en un viaje anterior, y eso generó desconfianza en Pablo. La Escritura dice: “Pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra” (Hechos 15:38). Para Pablo, la obra era seria, y alguien que había retrocedido no parecía confiable para continuar.
Por otro lado, Bernabé veía las cosas de manera distinta. Él quería darle otra oportunidad a Juan Marcos. Esto produjo una diferencia tan fuerte que decidieron separarse. “Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro” (Hechos 15:39). Aquí vemos dos posturas: una más firme y cautelosa (Pablo), y otra más restauradora y esperanzadora (Bernabé con Marcos).
Sin embargo, la historia no termina ahí. Con el tiempo, Juan Marcos creció, maduró y se volvió útil en el ministerio. Tanto así, que el mismo Pablo, ya en otra etapa de su vida, lo reconoce de manera positiva. En una de sus cartas escribe: “Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio” (2 Timoteo 4:11). Esto muestra que las posiciones pueden cambiar cuando Dios trabaja en el corazón de las personas.
Aquí vemos algo profundo: tanto Pablo como Juan Marcos ocuparon “posiciones” distintas en momentos diferentes, pero ninguna era definitiva. Pablo pasó de rechazar a necesitar, y Marcos de ser rechazado a ser útil. Cuando entendemos que somos como fichas en las manos de Dios, colocadas donde Él quiere, evitamos llenarnos de orgullo cuando estamos firmes, o de amargura cuando somos rechazados.
Este entendimiento nos guarda el corazón. Si Pablo hubiera guardado resentimiento, nunca habría reconocido el valor de Marcos. Y si Marcos hubiera guardado rencor, probablemente no habría estado disponible cuando Pablo lo necesitó. Pero cuando dejamos que Dios dirija nuestras posiciones, aprendemos a perdonar, a esperar y a crecer.
Por eso, la enseñanza es clara: nuestras posiciones no son permanentes, pero el propósito de Dios sí lo es. Hoy podemos estar en un lugar, mañana en otro, pero todo forma parte del proceso. Cuando aceptamos esto, vivimos con el corazón libre de malos sentimientos y lleno de esperanza, confiando en que Dios está ordenando cada cambio para nuestro bien y para su gloria.

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