Inquieto, o tranquilo?

 


La Biblia nos enseña que Dios no está limitado por el tipo de carácter de una persona. Él no busca solamente a los fuertes, ni solamente a los tranquilos, sino a los que están dispuestos a obedecerle. En la vida del rey David y su descendiente el rey Josafat vemos dos estilos muy distintos de carácter, pero un mismo resultado: ambos cumplieron el propósito de Dios.

David era un hombre de carácter determinado, apasionado y valiente. Desde joven enfrentó desafíos con decisión, como cuando derrotó a Goliat confiando en Dios. En 1 Samuel 17:45 dijo: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado”. Este tipo de carácter lo llevó a grandes victorias, pero también a cometer errores cuando no dominaba sus impulsos.

A pesar de sus fallas, David siempre mostró un corazón que volvía a Dios con sinceridad. Cuando pecó, no endureció su corazón, sino que se humilló. En Salmo 51:10 clamó: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”. Esto nos enseña que un carácter fuerte puede ser usado por Dios si está dispuesto a arrepentirse y a depender de Él.

Por otro lado, Josafat mostró un carácter más recesivo, más inclinado a buscar dirección antes de actuar. No era impulsivo como David, sino que procuraba consultar a Dios en medio de las crisis. En 2 Crónicas 20:12 dijo: “¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos”. Este reconocimiento de su debilidad fue precisamente lo que abrió la puerta para que Dios obrara.

Josafat no se destacó por su fuerza militar, sino por su dependencia de Dios. En vez de confiar en estrategias humanas, puso adoradores al frente del ejército, mostrando un corazón rendido. Y Dios le dio la victoria sin necesidad de pelear, como dice 2 Crónicas 20:17: “No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros”.

Ambos hombres fueron diferentes: David actuaba con determinación y valentía, mientras Josafat se detenía, consultaba y dependía. Uno avanzaba con ímpetu; el otro esperaba dirección. Sin embargo, los dos agradaron a Dios porque sus corazones estaban enfocados en Él. La clave no fue su temperamento, sino su relación con Dios.

Esto nos deja una enseñanza clara: no importa si alguien tiene un carácter fuerte o uno más reservado. Dios puede usar a ambos. Lo importante es que el corazón esté dispuesto, humilde y dependiente. Así como David y Josafat cumplieron su propósito en medio de sus diferencias, también hoy cualquier persona puede ser instrumento de Dios si decide rendir su vida a Él.

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