Medita, reflexiona, cálmate!

 


La historia de David, junto a Joab y Abner, muestra cómo el corazón del hombre puede acercarse o alejarse del propósito de Dios aun estando cerca del ungido. David fue escogido por Dios para reinar sobre Israel, como vemos en 1 Samuel 16:13: “Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David”. A su alrededor se levantaron hombres valientes, pero no todos terminaron de la misma manera.

Joab, hijo de Sarvia, fue uno de los hombres más cercanos a David. Fue su general, su apoyo en batalla, y en varias ocasiones mostró honra hacia el rey. Un ejemplo claro es cuando conquistó Rabá, pero no quiso quedarse con la gloria, sino que llamó a David para que la ciudad llevara su nombre. En 2 Samuel 12:28 dice: “Reúne, pues, ahora al pueblo, y acampa contra la ciudad, y tómala; no sea que yo tome la ciudad, y sea llamada de mi nombre”. Allí vemos a un Joab que reconoce la autoridad de David y le da el lugar que le corresponde.

Sin embargo, ese mismo Joab también mostró un corazón complicado. Aunque servía a David, muchas veces actuó por su propia cuenta, guiado por su enojo o conveniencia. Su lealtad era parcial. Un momento clave fue cuando mató a Abner, desobedeciendo el deseo de reconciliación que David tenía. En 2 Samuel 3:27 dice: “Y cuando Abner volvió a Hebrón, Joab lo llevó aparte en medio de la puerta para hablar con él en secreto; y allí, en venganza de la muerte de Asael su hermano, le hirió por la quinta costilla, y murió”. Este acto mostró que Joab no estaba alineado completamente con el corazón del rey.

Abner, por su parte, comenzó como enemigo de David. Era jefe del ejército de Saúl y luchó contra el propósito de Dios sin entenderlo plenamente. Pero con el tiempo reconoció que Dios había escogido a David. En 2 Samuel 3:9-10 dice: “Así haga Dios a Abner y aun le añada, si como ha jurado Jehová a David, no haga yo así con él, trasladando el reino de la casa de Saúl, y confirmando el trono de David sobre Israel y sobre Judá”. Aquí vemos un cambio de corazón: Abner decidió alinearse con lo que Dios había establecido.

Lo impactante es que Abner, que comenzó lejos, terminó acercándose al propósito correcto, mientras que Joab, que comenzó cerca, se fue desviando poco a poco. David mismo lamentó profundamente la muerte de Abner, reconociendo su valor. En 2 Samuel 3:38 dice: “¿No sabéis que ha caído hoy en Israel un príncipe y grande?”. David distinguía entre quien caminaba conforme al propósito y quien, aun estando cerca, actuaba fuera de él.

Con el tiempo, Joab no solo desobedeció, sino que también se convirtió en un obstáculo para el orden de Dios, apoyando decisiones contrarias a la voluntad del rey. Su cercanía física nunca garantizó una fidelidad verdadera. En cambio, Abner, aunque tarde, mostró disposición a someterse al plan de Dios. Esto nos enseña que no es suficiente estar cerca de lo santo; es necesario caminar en obediencia y en alineación con el propósito divino.

Al final, esta historia nos confronta con una verdad espiritual profunda: no todo el que parece cercano está realmente del lado correcto, ni todo el que estuvo en contra permanecerá así. Por eso resuenan las palabras de Cristo en Lucas 11:23: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”. Y también aquella frase conocida: no todo el que te echa mierda es tu enemigo, ni todo el que te saca de la mierda es tu amigo.

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