Era Job un siervo cualquiera?

 


Solo con leer en Job 1 la forma en que Job recibió las noticias de las grandes perdidas que había sufrido; con las que cualquiera pierde la paz, pierde la comunión y tira sus principios morales por la borda, nos damos cuenta que Job tampoco era un chivito harto de Jobos (espiritualmente hablando); porque el no pecó, ni añadió despropósito a Dios con todo lo que le pasó. Como dice este verso: En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno. Job 1:22.

Por lo que decir que este hombre tenía algo malo en su relación con Dios es cuesta arriba, y hay que saber explicarlo. No tenemos que ir muy lejos para encontrar otro ejemplo bíblico que nos ilustre que impureza había en el que hubo que deshacerlo y hacerlo de nuevo: David, que fue un hombre espiritualmente probado, cayó en pecado y también sufrió perdidas y castigo profético sobre su familia.

La Biblia dice: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. Jeremías 17:9-10.

Si damos libertad a nuestro corazón y no afianzamos nuestra vida en Dios, ese corazón descuidado albergará temores o deseos que tomaran el lugar de Dios en nuestro corazon lo cual atenta contra el fluir del Espíritu Santo en nuestra vida pues Dios debe ser nuestro mayor temor, y nuestro más grande placer estar a su servicio, y el Espíritu Santo es quien debe dirigirla. 

Situaciones como está pueden causar que seamos deshechos y hechos de nuevo por el Señor como hace el alfarero con el barro: Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. Jeremías 18:1-6.

Podemos concluir que los momentos de ocio, o de celebrar la victoria, no son momentos para descuidar nuestras emociones que es de donde mana la vida, sino para valorar que somos siervos de un Dios bueno que nos libra del error y además nos remunera con una recompensa eterna. La Biblia dice; Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Mateo 12:36.

Esos momentos son semejantes a la libertad que siente el mayordomo de una casa cuando el amo se vá y lo deja a cargo de su casa. Momentos así son para imitar el ejemplo de José en la casa de Potifar. El cual, siendo mayordomo de su casa fue tentado con traicionar la confianza de su amo y tomar su mujer. A lo que el se negó con temor y temblor, huyendo de allí.

En estos tiempos en que lo malo es bueno y lo bueno malo, esos ejemplo dan risa. Traicionar es visto como una consecuencia de las necesidades del hombre. Hasta que llega un día en que la desgracia toca tu puerta porque traicionaron a tu hijo y tú quieres justicia, o que te traicionan a ti y tus sentimientos son afectados y te vuelves nada, del dolor.

La Biblia dice en relación al apego del corazón a alguna persona o pensamiento contrario (incluyendo la propia) por encima de Cristo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Lucas 14:26-27.

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