Es importante saber usar todo el fruto del Espíritu.
Es curioso que, estando Cristo en la cima de la montaña que había decidido escalar, aquí en la tierra, con un cuerpo glorificado ya, en vez de llegar impartiendo dones espirituales y hablarle a sus discípulos de su experiencia, llegado a la reunión de sus discípulos primero dijo: "Paz a ustedes", y se lo volvió a repetir después de compartirles la evidencia de su resurrección.
Y es que después de una muestra de amor y obediencia, los siervos estamos llamados a buscar paz. Paz es ausencia de conflicto y complacencia con lo ya alcanzado. Es además parte del fruto del Espíritu Santo.
Una actitud que define esa paz es disfrutar del fruto de lo trabajado, como lo hiciera el mismo Dios luego de la creación; tal y como lo dice también el predicador Salomón.
Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él? Eclesiastés 3:22.
La obra del señor se hace con la ayuda de los dones espirituales, más no todo es trabajar en el ministerio, también hay que buscar la paz de Dios, para conocer la templanza y ser completos según el tiempo.
De no hacerlo podemos caer en el pecado de Satanás (que nunca llegó a completar de forma profunda la templanza y por eso se desvió); el cual, maravillado de sus capacidades espirituales se dejo seducir por el ego, el orgullo y la vanidad.
Para que una espada sea útil, debe ser metida al fuego, golpeada estando caliente, y lograda la forma querida meterla a agua fría. Pasa lo mismo con el hombre que siendo procesado su corazón con fuego y golpes debe llevarse a un estado idóneo de paz para que tenga templanza.

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