Lo que no alcanzan a ver.
Si yo respondiera a los que se burlaban de mí en el madero, no lo haría para defender mi poder, sino para revelar el propósito del Padre. Ustedes dicen: “bájate de la cruz y sálvate a ti mismo”, pero no comprenden que precisamente por no bajarme estoy cumpliendo la voluntad de Aquel que me envió. No es debilidad lo que ven, sino obediencia. No es derrota, sino el camino necesario para la victoria que aún no alcanzan a ver.
A mis discípulos, a los que caminaron conmigo, les hablé claramente de esto. No fue en secreto ni en parábolas oscuras, sino con palabras directas: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho… y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21). Si ellos hubieran retenido estas palabras con firmeza, no se habrían escandalizado al verme en la cruz, ni habrían dudado cuando el dolor cubrió sus corazones.
Ustedes que se burlan ahora, ignoran lo que ya había sido dicho. Piensan que salvar la vida es evitar el sufrimiento, pero yo les enseñé otro camino: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25). ¿Cómo entonces esperan que yo me salve descendiendo de la cruz, si he venido precisamente a entregar mi vida? No entienden que este acto que desprecian es la puerta para la salvación de muchos.
Aun entre los que estaban más cerca de mí, hubo dificultad para aceptar este mensaje. Cuando hablé de mi muerte, hubo quien se resistió, quien no quería que esto sucediera. Pero el propósito de Dios no cambia por el deseo del hombre. “Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho… y ser muerto, y resucitar después de tres días” (Marcos 8:31). Era necesario. No opcional, no evitable. Necesario.
Por eso, si hoy me dicen que baje de la cruz, yo les respondería que no puedo negar lo que el Padre ha establecido. Si bajara, fallaría en la misión que vine a cumplir. Ustedes buscan una señal inmediata, un poder visible, pero yo estoy mostrando el mayor poder: obedecer hasta el final. Porque mi reino no se establece evitando el sacrificio, sino atravesándolo.
Y a ustedes que escuchan estas palabras hoy, les digo: no desprecien ninguna de mis enseñanzas. Cada palabra que hablé tenía un propósito, cada anuncio preparaba el entendimiento para lo que vendría. El que ignora mis palabras, tropieza cuando llega la prueba. Pero el que las guarda en su corazón, aunque no entienda todo al principio, permanece firme cuando el plan de Dios se revela.
Finalmente, sepan esto: la cruz no es el final de la historia. Lo que ahora parece derrota será transformado en vida. Porque así también lo dije: “El Hijo del Hombre será entregado… y le matarán; mas al tercer día resucitará” (Mateo 17:22-23). Si hubieran creído esto, no se burlarían hoy. Por eso, aprendan a oír, a guardar y a creer, para que no les sorprenda el propósito de Dios, sino que lo comprendan y participen de él.
Escritura en el modo literario Ensayo, desde la revelación bíblica Nuevo Testamentaria de Jesús contada en los evangelios.

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