Y tu, que ocultas?
Hay un pasaje bíblico en Marcos 5.25-34 que cuenta un acontecimiento que debe mover a la claridad todo lo que esté a oscuras delante de Jesús en nuestra vida.
Siendo la mujer del pasaje enferma de flujo de sangre sanada en lo íntimo, y en tales circunstancias, pudo quedarse callada y olvidar todo su oprobio sin tener que darle gracias a nadie, pensando que todo el dinero gastado le hacía merecedora de tal recompensa.
Mas, siendo de corazón su búsqueda de solución y reconociendo que la fuente de su milagro le estaba convidando a participar de la satisfacción que da tener sus cuentas limpias y claras: fue sincera con el que es el Alpha y Omega, principio y fin.
Puede que tú ocultes a Jesús el milagro convicción de pecado. Te explico, hay quien por ser proclive a un pecado rechazado socialmente, se pierden la mejor parte de la presencia de Jesús cerca: un corazón libre.
Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31-32.
La libertad de la que habla el Señor es la libertad de la práctica del pecado que se fundamenta en el arrepentimiento y la conversión. Pero que luego continua, ya en el Señor, con la confesión de pecado creyendo en el poder libertador de la sangre preciosa derramada por El en lugar de la nuestra, por nuestro pecado.
Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,Y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Salmos 32:1-5.
Yo me pregunto: cuál es la diferencia entre la fe de esta mujer y la fe del centurión romano cuyo siervo estaba enfermo. Y es que el último, podríamos decir, que rechazó la bendición de la presencia de Jesús.
Pero el Señor me lleva a Mateo 10.32-33 para aclararme el panorama: A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos. Mateo 10:32-33.
La mujer no había declarado su fé públicamente en el Señor mientras que el centurión si y, el centurión justificó su actitud con el reconocimiento de su condición espiritual, y declaró una de con conocimiento espiritual. Claro! entendemos por la Biblia que, todo creyente, necesita de la presencia de Dios como sello de propiedad de Dios.

Comentarios
Publicar un comentario