Cómo impacta la fé de mi entorno mi propia fé, o vida espiritual??



La fe nunca se vive en aislamiento; Dios nos diseñó para caminar en comunidad. La Escritura muestra que el ambiente espiritual que nos rodea puede fortalecer o debilitar nuestra confianza en el Señor. Así como el hierro con hierro se afila (Proverbios 27:17), también la fe se aviva cuando estamos cerca de hombres y mujeres que creen, oran y perseveran. Nuestro entorno puede convertirse en un impulso hacia Cristo o en un freno silencioso.

Un ejemplo poderoso lo encontramos en el relato del paralítico en el Evangelio según Evangelio según San Marcos (Marcos 2:1-12). La escena ocurre en Capernaúm, donde Jesús de Nazaret enseñaba en una casa llena. Cuatro hombres, movidos por la fe, cargaron a su amigo paralítico y, al no poder entrar por la puerta debido a la multitud, subieron al techo, lo abrieron y lo bajaron delante del Maestro. Fue un acto arriesgado, pero nacido de una convicción profunda.

El texto dice algo revelador: “Al ver Jesús la fe de ellos…” (Marcos 2:5). No dice solamente la fe del paralítico, sino la fe de ellos. La fe colectiva impactó el milagro individual. Aquellos amigos creyeron antes de ver; su determinación creó un puente entre la necesidad y el poder de Dios. Esto nos enseña que la fe de mi entorno puede abrir caminos que yo, por mi condición, no podría abrir solo.

Es posible que el paralítico estuviera desanimado o resignado a su estado. Sin embargo, estaba rodeado de hombres que no aceptaban la derrota como destino final. Cuando caminamos con personas que confían en las promesas de Dios, su convicción nos sostiene en nuestros momentos de debilidad. A veces, cuando nuestra fe flaquea, la fe de otros nos carga en camilla hasta la presencia de Cristo.

Pero el principio también funciona en sentido contrario. Un entorno incrédulo puede sembrar duda, temor y resignación. Por eso es vital discernir con quién compartimos nuestras luchas más profundas. No se trata de aislarnos, sino de procurar una comunidad que edifique, que ore, que declare la Palabra y que nos acerque al Señor, como esos cuatro amigos lo hicieron.

En tu caminar en comunidad, como alguien comprometido con el evangelismo, recuerda que tu fe también puede ser el “techo abierto” para otros. Tal vez alguien cercano esté paralizado por el pecado, el miedo o la desesperanza. Tu oración, tu palabra oportuna y tu ejemplo pueden ser el canal que lo lleve ante Jesús.

Finalmente, la historia no solo terminó con perdón, sino con restauración: el paralítico se levantó, tomó su camilla y caminó. Así impacta la fe del entorno: no solo nos acerca a Cristo, sino que participa en el proceso de transformación. Rodeémonos de personas que crean en el poder de Dios y seamos, a la vez, portadores de una fe que impulse a otros hacia Él.

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