Es Cristo nuestro fundamento como cristianos... Oh huyendo de una debilidad hemos construido sobre otra base que no es El?
En un mundo donde abundan los fundamentos —éxito, conocimiento, poder, espiritualidad— la Escritura declara una verdad inamovible: «Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo» (1 Corintios 3:11). Todo lo demás es arena movediza. Solo Cristo permanece cuando todo sistema humano cae, cuando la emoción se disipa y cuando la fama pierde brillo.
El apóstol Pablo lo entendió con claridad. A una iglesia fascinada por los dones espirituales, les recordó que lo espectacular no es necesariamente lo eterno. «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena» (1 Corintios 13:1). Incluso la fe que mueve montañas y el sacrificio extremo pueden quedar vacíos si no están cimentados en el amor que proviene de Cristo (1 Corintios 13:2-3).
Hablar en lenguas puede impresionar; tener gran fe puede asombrar; entregar la vida puede conmover. Pero si el corazón no está gobernado por el amor de Cristo, todo se convierte en ruido religioso. El amor no es un accesorio del evangelio; es su esencia. «Dios es amor» (1 Juan 4:8), y donde Cristo es el fundamento, el amor es la evidencia.
La historia de Saulo de Tarso ilustra esta verdad. Antes de su encuentro con Cristo, tenía celo, convicción y una fe intensa en sus tradiciones, pero perseguía a la iglesia (Hechos 9). Su fervor sin el amor revelado en Cristo lo llevó a dañar aquello que creía defender. Solo cuando el Señor lo confrontó en el camino a Damasco, su fundamento cambió; el perseguidor se convirtió en apóstol, y el celo fue transformado en amor sacrificial.
Pablo mismo confesó que todo lo que antes consideraba ganancia lo estimó como pérdida «por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús» (Filipenses 3:8). Su vida demuestra que no basta con tener pasión espiritual; es necesario que Cristo sea el cimiento y que su amor gobierne cada don y cada sacrificio.
Hoy también podemos construir ministerios, reputaciones y hasta actos heroicos, pero si Cristo no es el fundamento, la obra no resistirá la prueba del fuego (1 Corintios 3:13). El amor de Cristo no es emoción pasajera, es la fuerza eterna que da sentido a todo servicio.
Que nuestra fe, nuestros dones y aun nuestras renuncias estén arraigados en el único fundamento eterno. Porque al final, no permanecerá lo espectacular, sino lo que fue hecho en y por el amor de Cristo. Solo eso es eterno.

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