"Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres"

 


El conocimiento puede entenderse de varias maneras. En lo general, es todo lo que aprendemos en la vida. En la Filosofía, es la relación entre quien conoce y lo que es conocido. En la Psicología, es el resultado de procesos como pensar, recordar y comprender. Y en la Biblia, el conocimiento va más allá de saber algo: es vivir conforme a la verdad de Dios.

Por eso, cuando la Biblia habla de conocimiento, no se refiere solo a información, sino a una relación viva con Dios. En Oseas 4:6 leemos: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” Este pasaje no señala ignorancia académica, sino una desconexión con Dios, un rechazo a su verdad y a su manera de vivir.

El apóstol Pablo también hace una advertencia en 1 Corintios 8:1-3: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.” Aquí entendemos que el verdadero conocimiento no es orgullo, sino una relación marcada por el amor a Dios.

Un ejemplo claro de esto es el pueblo de Israel. Ellos vivieron la liberación de Egipto, vieron milagros, provisión y poder. Sin embargo, aunque experimentaron las obras de Dios, no llegaron a conocer su corazón. Por eso se desviaron, murmuraron y endurecieron su corazón en el desierto, porque no entendieron quién era realmente Dios.

Dios no solo quería que vieran lo que Él hacía, sino que conocieran cómo Él es. En Éxodo 34:5-6 se revela así: “Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad.” Este es el conocimiento que transforma: conocer su carácter.

Muchos hoy pueden conocer de Dios, escuchar de Él, incluso ver su obra, pero eso no garantiza una relación verdadera. El conocimiento bíblico implica cercanía, obediencia y amor. No basta con saber que Dios existe; hay que conocer su corazón y caminar conforme a Él.

Por eso, el llamado final es claro. En Romanos 12:1-2 dice: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Dios nos llama a guardarnos para Él, a renovar nuestra mente y a vivir para conocerle de verdad, no solo de palabras, sino en una relación real con el Dios vivo.

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