Perder-ganar; ganar-perder.
La Biblia nos enseña que el creyente sí tiene una lucha, pero no es contra su hermano. Muchas veces el corazón humano quiere competir con otros, demostrar que es mejor o buscar reconocimiento. Sin embargo, el camino de Dios es diferente. La verdadera competencia del cristiano no es contra las personas, sino contra aquello que contamina el corazón. Por eso la Escritura nos recuerda en Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. El apóstol Pablo de Tarso enseña este principio cuando exhorta a los creyentes a no vivir en rivalidad. En Filipenses 2:3 dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. La lucha principal del creyente no es contra el hermano, sino contra el orgullo, la vanagloria y las inclinaciones del corazón que pueden desviarnos del propósito de Dios. Un ejemplo muy claro de esto se ve en la relación entre David y Saúl. Cuando el pueblo comen...