El que espera lo mucho, espera lo poco!
Muchos piensan que tomar decisiones radicales temprano en la vida puede llevar al fracaso. Existe incluso un refrán que dice que “la desesperación es parte del fracaso”. Y aunque estas ideas parecen tener algo de lógica, no siempre son ciertas. Hay decisiones que mientras más temprano se toman, más sabias resultan ser. Especialmente cuando se trata de la vida espiritual.
El ser humano normalmente quiere tiempo. Tiempo para cumplir sueños, metas personales, deseos y proyectos. Muchos jóvenes escuchan frases como: “Eres joven, vive tu vida”, “todavía tienes tiempo”, o “más adelante te acercas a Dios”. A simple vista suena razonable. Yo mismo llegué a pensar así, aun siendo cristiano. En ocasiones me refugiaba en ideas personales porque quería espacio para cumplir mis ilusiones antes de entregarme completamente al Señor.
Sin embargo, entendí algo importante: si realmente quería seguir a Cristo, debía aceptar que mis planes no siempre coinciden con los planes de Dios. La Biblia enseña que este mundo va rumbo a la destrucción moral y espiritual, y que Cristo puede venir en cualquier momento por su iglesia. Esa realidad no debía producir miedo ni tristeza, sino vigilancia y preparación.
Jesús dijo:
“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.” Mateo 24:42
La esperanza en la segunda venida de Cristo no es una carga para el verdadero creyente. Al contrario, produce dirección, firmeza y prudencia. La persona que vive esperando a Cristo aprende a tomar mejores decisiones, porque entiende que su vida tiene propósito eterno. Esa esperanza despierta pasión, disciplina y paciencia.
Muchas veces las personas piensan que quien vive esperando la venida de Cristo está perdiendo oportunidades. Pero ocurre lo contrario. El creyente aprende a valorar mejor su tiempo, evita muchos errores y camina con más cuidado. Cuando uno mira a su alrededor y observa la violencia, la corrupción, la maldad y la perversidad de estos tiempos, entiende por qué la Biblia insiste tanto en vivir vigilantes.
El mundo de hoy se parece mucho a lo que describen las Escrituras sobre los últimos tiempos. Pablo escribió:
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.” 2 Timoteo 3:1
Y luego describe hombres egoístas, arrogantes, desobedientes y amadores de los placeres más que de Dios. Al ver estas cosas, el cristiano comprende que la esperanza en Cristo no es fanatismo; es dirección espiritual.
En cualquier plan importante de la vida es necesario seguir un orden y caminar cuidadosamente para llegar a un buen final. En el cristianismo, la esperanza en la venida de Cristo cumple precisamente esa función: mantiene al creyente atento, cuidadoso y perseverante.
Es aquí donde toma sentido la frase: “El que espera lo mucho, espera lo poco”. El que espera la gloria eterna aprende a soportar los sacrificios temporales. El que espera a Cristo aprende a ser paciente. El que tiene esperanza en algo grande no se desespera por lo pequeño. Se afirma, madura y aprende a vivir con propósito.
Pero esto no significa vivir imaginando literalmente a Cristo descendiendo cada segundo. La esperanza bíblica no es ansiedad, sino confianza. Por eso Romanos dice:
“Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.” Romanos 8:24-25
La verdadera esperanza cristiana produce paciencia. Nos ayuda a vivir correctamente aunque todavía no veamos el cumplimiento final de la promesa. El creyente que espera en Cristo no vive desesperado; vive preparado.
Al final, entender la venida de Cristo no limita la vida del cristiano, sino que la ordena. Le enseña a valorar lo eterno sobre lo pasajero. Y quien aprende a esperar lo eterno, también aprende a soportar con paciencia las pruebas temporales de esta vida.

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