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Otro ejemplo descabellado el de 1 Corintios 13.2?

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  La Biblia presenta la historia del profeta Balaam como una advertencia seria para todo aquel que dice hablar de parte de Dios. Balaam tenía dones espirituales reales: podía recibir palabra de Dios y declarar lo que el Señor mostraba. Sin embargo, su corazón no estaba firmemente apegado a la verdad. La Escritura muestra que su interés por la recompensa lo llevó a caminar en una línea peligrosa entre obedecer a Dios y agradar a los hombres. Por eso su historia nos recuerda que los dones espirituales no sustituyen un corazón que ama la verdad. Cuando el rey Balac quiso maldecir a Israel, llamó a Balaam ofreciéndole honores y riquezas. Aunque Dios le dijo claramente que no maldijera al pueblo, Balaam siguió buscando una forma de complacer al rey. En Números 22:12 Dios le dijo: “No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo; porque bendito es”. Aun así, Balaam siguió escuchando las ofertas y buscando otra respuesta. Esto revela un corazón que conoce la verdad, pero no está completamente c...

Ejemplo descabellado el de 1 Corintios 13.1?

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 La Biblia nos enseña que la espiritualidad verdadera no consiste solamente en cumplir reglas o practicar actos religiosos, sino en tener un corazón alineado con Dios. Cuando la espiritualidad pierde el amor y la misericordia, se vuelve dura, fría y peligrosa. Es posible parecer muy espiritual por fuera, pero por dentro estar lejos del corazón de Dios. Por eso, muchas veces en las Escrituras vemos cómo Dios mira más la intención del corazón que la apariencia del acto religioso. Un ejemplo claro se encuentra en la historia de David cuando huía de Saúl. David llegó donde el sacerdote y, junto a sus hombres, comió del pan de la proposición, algo que según la ley estaba reservado solo para los sacerdotes. Sin embargo, el sacerdote entendió la necesidad y el contexto de la situación. La Escritura dice: “Así que el sacerdote le dio el pan sagrado; porque allí no había otro pan sino el pan de la proposición, el cual había sido quitado de delante de Jehová” (1 Samuel 21:6). Aquí vemos cómo...

Perder-ganar; ganar-perder.

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La Biblia nos enseña que el creyente sí tiene una lucha, pero no es contra su hermano. Muchas veces el corazón humano quiere competir con otros, demostrar que es mejor o buscar reconocimiento. Sin embargo, el camino de Dios es diferente. La verdadera competencia del cristiano no es contra las personas, sino contra aquello que contamina el corazón. Por eso la Escritura nos recuerda en Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. El apóstol Pablo de Tarso enseña este principio cuando exhorta a los creyentes a no vivir en rivalidad. En Filipenses 2:3 dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. La lucha principal del creyente no es contra el hermano, sino contra el orgullo, la vanagloria y las inclinaciones del corazón que pueden desviarnos del propósito de Dios. Un ejemplo muy claro de esto se ve en la relación entre David y Saúl. Cuando el pueblo comen...

"Tu sabes que yo hice mi esfuercito!"

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El ser humano tiene un deseo natural de superarse, de avanzar y de vencer los obstáculos. En cierto sentido, esa fuerza puede ser positiva, porque Dios nos creó con capacidad para esforzarnos y buscar lo mejor. Sin embargo, cuando la competitividad se convierte en una lucha por demostrar que podemos lograrlo todo por nuestras propias fuerzas, comenzamos a apartarnos del propósito de Dios. La Biblia nos recuerda que la verdadera victoria no depende solamente del esfuerzo humano. En el momento en que el pueblo de Israel estaba frente al mar y el ejército egipcio venía detrás de ellos, Dios les dio una instrucción sorprendente: “Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos” (Éxodo 14:14). En lugar de competir o luchar con sus propias fuerzas, debían aprender a confiar en que Dios actuaría. Esto nos enseña que muchas veces la competitividad humana nos empuja a actuar con ansiedad, orgullo o desesperación. Queremos resolver todo rápido, demostrar capacidad o ganar reconocimie...

"La ecuación del corazón", #2

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  En la reflexión anterior recordamos que la Biblia enseña que el corazón del hombre es engañoso. Por eso no podemos confiar simplemente en lo que sentimos o pensamos. El profeta lo expresó con claridad: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Esto nos recuerda que la vida cristiana no se sostiene solo con buenas intenciones, sino con una dependencia constante de Dios. La Escritura nos muestra que incluso grandes hombres de Dios, después de haber caminado fielmente por muchos años, llegaron a caer. El rey David, quien fue llamado un hombre conforme al corazón de Dios, terminó pecando gravemente cuando dejó de velar. Salomón, que recibió sabiduría extraordinaria, terminó desviando su corazón en su vejez. Estas historias no están en la Biblia para desanimarnos, sino para advertirnos. Por eso el temor de Jehová es tan importante. La Biblia dice: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría” (Proverbios 9:10). Temer a Di...

"La ecuación del corazón", #1

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  El corazón del ser humano es un misterio profundo. Muchas veces creemos conocernos bien, pero la Biblia nos recuerda que hay engaño dentro de nosotros mismos. En la Biblia leemos: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Este versículo nos advierte que el problema no siempre está afuera, sino dentro de nosotros. Por eso el creyente necesita vivir en constante vigilancia espiritual. La misma Escritura también afirma que solo Dios conoce verdaderamente lo que hay en lo profundo del ser humano. El siguiente versículo dice: “Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón” (Jeremías 17:10). Dios ve lo que nadie más ve: las verdaderas intenciones, los pensamientos ocultos y las motivaciones del alma. A veces podemos aparentar rectitud delante de los demás, pero delante de Dios todo está descubierto. Un ejemplo claro de esto lo encontramos en la historia de Ananías y Safira en Hechos 5. Ellos vendieron una propiedad...

Ejercitando los sentidos espirituales!

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  La Biblia habla de un creyente que crece, que madura y que aprende a discernir. En el Libro de Hebreos leemos que el alimento sólido es para los maduros, “para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:14). Un cristiano maduro no es el que más habla, sino el que ha aprendido a ejercitar sus sentidos espirituales. Es alguien que, a través de la práctica constante, ha afinado su oído para escuchar a Dios y su corazón para obedecerle. Ejercitar los sentidos espirituales implica disciplina. Así como el cuerpo necesita entrenamiento para fortalecerse, el espíritu necesita oración, Palabra y obediencia diaria. No se trata solo de conocer versículos, sino de aplicarlos. El creyente maduro aprende a distinguir lo que agrada a Dios de lo que parece bueno pero no lo es. Ese discernimiento no nace de la emoción, sino de la comunión constante con el Señor. Este pensamiento armoniza profundamente con la oración de David después de s...