No fue ni el huevo, ni la gallina; primero fue la luz Génesis 1:3-4.
Cristo dejó claro que Él es la luz del mundo, la luz que alumbra a todos los hombres. Así lo vemos en Juan 12:46 y Juan 1:4-5. Esta luz no es como la del sol que ilumina lo visible, sino una luz más profunda: la que permite al ser humano comprender su realidad, discernir el bien y el mal, y reconocer la verdad de Dios en su interior. Sin embargo, surge una pregunta importante: ¿todos los hombres viven realmente alumbrados por esa luz? La Escritura muestra que, aunque la luz ha venido al mundo, el hombre, al pecar, se desvía. Su conciencia, que fue diseñada para responder a la verdad, se ve afectada y da lugar a la concupiscencia, Santiago 1:14-15. Así, el hombre comienza a errar el blanco, alejándose de Dios y viviendo en una condición de pecado. El pecado no es solo una acción, sino una condicion interna que inclina al hombre lejos de la verdad. Como dice la Palabra, el pecado es infracción de la ley, y quien practica el pecado se aleja del propósito de Dios. Pero en medio de ...