El doble sentido está incluido?
Ser salvo y haber recibido ayuda para serlo, es lo mismo? No, no es lo mismo! Fíjate que literalmente pareciera que nosotros tenemos una posición más privilegiada que el mismo Cristo, pero no! No hay que leer la Biblia entera para saber que todo lo que Dios le da al hombre, sin Él, no lo tendríamos.
Así también pasa con los hijos de un hombre exitoso: no tienen ninguna carencia pero, se lo deben a su padre. La Biblia dice: Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Romanos 8:37. Somos considerados más que vencedores, pero Cristo solo se llamó vencedor: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. Juan 16:33.
Tu sabes mi experiencia: yo quería darmelas de apercibido y no presentarme al Señor en oración con un pensamiento de culpa en la cabeza. Ya tú sabes, instruido con palabras exquisitas sobre el perdón de Dios, y con conocimiento bíblico. Hasta que un día resacao (dormido en desobediencia) desperté y quise publicar algo que yo había pensado publicar y, recordé mi condición.
Yo no sé cómo tu veas esto, pero yo muy arrepentido solamente dije perdóname Señor, porque fue cuando al fin entendí la parábola de "El Fariseo y el Publicano". Pues en otro tiempo tenía que ritualizar el momento, en ese momento eché el perfeccionismo propio de la ley de Moisés a la basura, y comprendí que mis obras de Justicia son como trapos de inmundicia delante de Dios.
Yo siempre vi a mis ejemplos preparase para entrar en la presencia de Dios y me invite yo mismo a ponerme una armadura que no era mía (al futuro rey David se lo propusieron). No es que ese modelo de armadura sea defectuoso o desfasado, sino que tenemos que hayar el nuestro. Cuando encuentres tu modelo recuerda que no es el único, respeta al que tiene otro, pero no dejes de hacer sentir más que vencedores a otros con tu testimonio. Dios te bendiga!
A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:9-14.
Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Isaías 64:6.

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