"La muerte de mi amigo"
A nadie le gusta perder la vida. El mismo Hijo de Dios encarnado expresó cuando estaba en la cruz la frustración que padece todo el que entra en este proceso. El dijo: "Dios mío, Dios mío: porque me has desamparado".
Ahora, tenemos que preguntarnos qué aprendió Jesús que, aunque siguió en la misma situación en la cruz, más adelante dice: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" y murió.
La misma Biblia nos dice en Hebreos que Cristo, en su padecimiento fue perfeccionado en la obediencia. Quiere decir que su paso por esta tierra no fue un despropósito, el fue perfeccionado en su propósito eterno, el cual estaba pautado desde antes de la creación del mundo.
La Biblia dice: Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; Hebreos 5:8-9.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, Efesios 1:3-4.
El dejar esta forma de existencia después de amar, y esforzarte en este amar, es díficil. Uno cree que Dios está lejos de uno. Pero lo que Cristo conoce allí en la cruz: esa presencia del Espíritu Santo después del desahogo por su angustia, que luego le da fuerzas para encomendarse a Dios y expirar, esos debemos conocerlo todos los que le seguimos.
A la carne no le gusta asociar la presencia de Dios con un momento de insatisfacción. Es como que tú te gradues suma cumlaude pero no puedes tener la satisfacción pública y ser elogiado. Asimismo Cristo fue probado de esta forma: estaba salvando al mundo, dando su vida en rescate por otros, sin embargo padecía un proceso vergonzoso de muerte agónico y sufrido.
Rechazar la especial presencia en un momento así, dice que no sabemos que hacer la voluntad de Dios no siempre es grato para mí carne, no siempre es bueno para mí carne, no siempre es perfecto para mi carné.
La Biblia dice que Cristo tiene ahora mismo toda potestad en el cielo y en la Tierra porque consumó la obra de redención de toda la creación. Pero para eso tuvo que aprender, en su sufrir, que la gloria hay que dársela a Dios aunque nuestra carne se resista. Ésto no se logra de la noche a la mañana, es un proceso de transformación: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2.

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