Tu ayuda viene de Jehová!
Estaba diciéndole Dios a Pablo que se rindiera ante su debilidad, o que rindiera su alma a El por encima de todo? Un tema muy tocado o mencionado del apóstol Pablo, por la trascendencia de lo que representó para un luchador cómo el y hombre de fe arriesgada, y también por ser un misterio develado en la práctica del evangelio en la relación hombre-Dios, es el pasaje bíblico ubicado en 2 Corintios 12.1-9, siendo el 9 el clímax del pasaje.
Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 2 Corintios 12:7-9.
Uno pudiera pensar que es un comodín cristiano, y la verdad es que el cristianismo de por sí es un comodín para todo aquél que cree. Ésto así pues es el Padre de nuestro señor Jesucristo, Dios de toda consolación nuestro padre; iniciador y perfeccionador de la obra de Cristo en nosotros. Así que podemos concluir que podría llamarse: un comodín especial dentro del gran comodín que es el evangelio.
Las características de este comodín especial son particulares, ya que se le dice a un hombre que, según los estudiosos ya estaba en el ministerio de la predicación del Evangelio. Es decir, ya Pablo se había reformado en la palabra; pues su primera formación era contraria Cristo; y llevaba ya años practicando la fe. No fue a un creyente nuevo sino a uno con las herramientas más idóneas para vencer cualquier situación.
Esta última idea es la que está expresada en el texto: Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 2 Timoteo 3:16-17. Pero llegó un momento en la vida de Pablo en el que se explicaba la petición de Moisés a Dios en el Antiguo Testamento, cuando el pidió que fuera el mismo Dios que acompañara y guiara al pueblo de Israel: contar con la omnipotencia de Dios es la mejor garantía de victoria y éxito.
Así como también, se hacía evidente porqué Jacob prefirió llevar una señal de incomodidad en algo tan básico cómo caminar, como evidencia de que había peleado con Dios y había vencido, y ahora podía ostentar el nombre de Israel.
Estas historias son nuestra guía para entender que sin Dios no somos nada, estamos hechos para depender de El aunque tengamos toda la armadura de Dios. Bien lo dijo Cristo a los apóstoles: Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Juan 15:4-6.
Referencias Bíblicas:
Éxodo 33:15
Génesis 32:24-30

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